Y ahora son los policías federales quienes cierran carreteras y demás…

Por: Nicasio Fonseca Munguía

El caso de la Policía Federal resulta, desde nuestro punto de vista, digno de comentario, pues formados al estilo de la vieja escuela, los elementos arrastran tras de sí vicios de origen, toda vez que la plaza o “charola”, para ingresar a la corporación, se conseguía no pocos veces pagando una cantidad determinada de dinero y en el menor de los casos con la recomendación de algún influyente político.

Ser policía federal, representó en alguna etapa del país, la garantía para asegurarse un mejor futuro, pues la simple “charola” daba lo suficiente para tener una posición que en nada envidiaba a la de cualquier profesionista exitoso; carro del año, casa muy decorosa, algún ranchito, dos o tres animalitos y no pocas veces hasta “casa chica”, todo ello gracias a los “generosos contribuyentes” como son las empresas transportistas, los automovilistas en carreteras federales y uno que otro … digamos … comerciante en productos del campo “no autorizados”, los cuales solían ser bastante generosos, al grado de “obsequiarles” con frecuencia relojes caros, cadenas de brillantes o simplemente algún “bultito” que les molestaba en la bolsa del pantalón.

Por supuesto que en todo lo anterior, nuestros elementos federales no estaban solos, pues de manera sistemática tenían que compartir “su buena suerte” con los jefes, mismos que de acuerdo a la plaza, les determinaban el nivel de “gratitud”, razón por la cual en no pocas ocasiones debían apurarse en su actividad diaria para no incumplir los compromisos contraídos, so riesgo de ser cambiados a otra zona de menor importancia.

Según nos comentaron alguna vez, el uniforme, la pistola, gasolina de la patrulla, llantas, mantenimiento y reparación de máquina de la unidad, corría a cargo del oficial que la tenía asignada, por lo tanto, si la misma estaba en el taller una o varias semanas, era tiempo que se dejaba de trabajar y de manera consecuente disminuían “los ingresos”… pero al jefe… había que compensarle de todas maneras con lo comprometido.

La Policía Federal es una corporación cuyos miembros hoy se resisten a ser incorporados a la Guardia Nacional y en lo personal consideramos no les falta razón, en virtud de lo siguiente: Uno; Ya no los vemos en hoteles exclusivos para el turismo como el “Maeva” en Miramar, “Inglaterra” o “San Antonio” de Tampico o “Everest” de Victoria, amén de otros similares en Tamaulipas, donde por cierto, los podíamos ubicar hasta las 9 o 10 de la mañana, horario en el que prestos y entusiastas, después de un opíparo almuerzo, se disponían a exponer su integridad física para proteger a la población en las carreteras del estado.

Por supuesto que como trabajadores federales al servicio del Estado, los policías en mención cuentan con todos los derechos y prerrogativas que la legislación laboral les concede, máxime que la función para la cual han sido formados dista mucho del espíritu en el cual se están siendo preparados los elementos de la naciente Guardia Nacional, es más, ellos mismos no tienen mayor responsabilidad de que, los superiores nacionales les hayan destinado en las entidades los mejores hoteles y restaurantes, a fin de justificar las altas inversiones presupuestales en materia de seguridad, que, por cierto y según el dicho de más de un hotelero, tenían que aportar significativos porcentajes para recibir en tiempo el pago de las facturas generadas por el servicio; es conocido el caso de un hotelero en San Fernando, al cual retuvieron el pago de varios meses de servicio por no aceptar “mocharse” con un porcentaje de la factura.

La policía federal resulta una consecuencia más que normal de la descomposición del México saqueado por una clase política que veía (esperamos que en tiempo pasado) la administración pública como el botín a repartirse en todos los niveles, misma que por ambición entregó la seguridad del país a los grandes capos y demás organizaciones criminales, con las fatales consecuencias hasta hoy sufridas por la población. Hoy, quienes debieran ser garantes de la seguridad, agreden, insultan y presionan a sus superiores para conservar la serie de privilegios que venían recibiendo todavía en el México de Peña Nieto, cerrando además importantes vías de comunicación, por lo que nos cuestionamos ¿por ser policías se les permitirá violentar las normas más elementales para la seguridad y paz social? Usted ¿qué opina…?

 

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