Llegan los militares, ¿también la paz?

Por: Francisco Cuéllar Cardona

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Por: Francisco Cuéllar  Cardona

 

Fue el 13 de diciembre del 2015, cuando mandos militares que tenían bajo su autoridad a por lo menos dos mil efectivos castrenses haciendo el trabajo de la policía municipal en 20 ayuntamientos de Tamaulipas, recibieron una llamada por teléfono de sus superiores para que dejaran lo que estaban haciendo, recogieran sus cosas y se fueran a sus cuarteles de origen.

“No hay pago, no hay trabajo”, fue una frase que se escuchó en las oficinas del entonces Secretario de la Defensa Nacional Salvador Cienfuegos y que hizo eco en la Secretaría de Gobernación, donde despachaba Miguel Ángel Osorio Chong, (que fue uno de los más felices por esa decisión) en Palacio de Gobierno de Tamaulipas, y en las comandancias municipales donde operaba la tropa.

El gobierno tamaulipeco, entonces, tenía más de ocho meses de incumplir el contrato que había signado con la SEDENA para dar techo, comida y salario (compensación) a más de dos mil soldados que hacían las funciones de policías municipales y combatían a las bandas del crimen en las calles, y en donde se los toparan.

Los índices de la violencia habían bajado de manera considerable en el 2013 y 2014, a pesar de las fallidas estrategias de seguridad impulsados desde Gobernación por Osorio Chong. En las oficinas de la SEDENA el malestar del General era mayúsculo contra el Gobierno de Tamaulipas. Su tropa estaba partiéndose el alma y su vida en las calles para mantener la paz y el orden, pero estaban a pan y agua y sin paga.

Los retenes en Llera, Jaumave, Mante, en la Coma, y en la zona de la Ribereña fueron simbólicos. Los pocos soldados que se quedaron, dejaban hacer y dejaban pasar. En la víspera del 24 de diciembre del 2015, Tamaulipas quedó literalmente solo y sin vigilancia militar. La violencia regresó y las bandas del crimen se reagruparon y volvieron a tener el control absoluto del Estado; tanto fue su poder, que en las elecciones del 2016, pusieron candidatos e hicieron lo que quisieron. Los enfrentamientos entre ellos, se volvieron práctica común en carreteras y caminos ejidales. Tenían de nuevo el poder. Tamaulipas desde entonces vive en la extrema violencia.

En diciembre del 2016, no se renovó el convenio entre el Gobierno de Tamaulipas y la Sedena para que los soldados regresarán, incluso los pocos que quedaban, también se tuvieron que ir.

La noticia buena de navidad, es que hoy, tres años después, los militares están regresando. Aparte se va a reforzar su presencia con la polémica y cuestionada Guardia Nacional, a la que los gobernadores finalmente le dan la bienvenida en sus estados.

En Nuevo León, pasó exactamente lo mismo: no hubo dinero para matenerlos y se fueron, y hoy están de regreso también, sobre todo ahora que la ola de violencia en la zona metropolitana de Monterrey se ha disparado y generado gran alarma entre la población.

A Tamaulipas ya llegaron 700 agentes; a Nuevo León 1000. Se espera con ello que la pacificación en estas dos entidades llegue pronto. El noreste del país, particularmente Tamaulipas, tiene años siendo víctima de los grupos del crimen.

El deseo, es que este 2019 que está por iniciar, regrese la paz. Los militares, con todo y sus cuestionamientos, son los únicos que pueden enfrentar a los cárteles y la sociedad cree y confía en ellos. Ojalá y la nueva Guardia Nacional y la estrategia de seguridad del gobierno federal le devuelva la paz a esta región del país y que los intereses políticos, esta vez, no contaminen la lucha por la paz.

 

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