“Le muerden la mano a quien les quitó el bozal”; Una historia para avergonzar

Por: Nicasio Fonseca Munguía

En “la mañanera” del miércoles 3 de Julio, el Presidente López Obrador tocó una de las fibras más sensibles del largo y doloroso proceso democrático por el que ha transitado nuestro país; la trágica muerte de Gustavo Adolfo Madero, el 19 de febrero de 1913, a manos ( pies, bayonetas y fusiles ) de soldados criminales al servicio de Victoriano Huerta.

Hombre de empresa, formado académicamente en Europa y Estados Unidos al igual que su hermano Francisco I., Gustavo Adolfo, rico de origen, no tuvo mayores problemas en organizar el tema financiero de la campaña política que llevó al derrocamiento de Porfirio Díaz. Identificado con el ideario de Francisco I. Madero, Gustavo Adolfo fue miembro fundador del Partido Constitucional Progresista, por el cual llega a una diputación que lo mantuvo cerca de su hermano ya como Presidente, ganándose la antipatía del sector de oposición por advertirle, sin éxito, de manera reiterada al apóstol, el gran riesgo que representaba haber mantenido en el gabinete a un importante número de funcionarios porfiristas.

Fue precisamente Victoriano Huerta, general porfirista, su victimario, con el que había almorzado Gustavo Adolfo el 18 de febrero, un día antes de su asesinato, quien ordenó lo aprendieran ese mismo día por la tarde, sometiéndolo a uno de los más terribles e indignantes martirios del que se tenga memoria histórica en México; Gustavo Adolfo, como resultado de un pelotazo en la cara durante su juventud había perdido un ojo, por lo cual usaba uno artificial, llamándole sus enemigos y detractores sarcásticamente, “Ojo parado”.

Hablando en la conferencia mañanera sobre los ataques de la prensa conservadora a su gobierno, el Presidente López Obrador hizo referencia a una frase pronunciada por Gustavo Adolfo Madero, siendo diputado, relativa a los ataques a su hermano, el Presidente, “Le muerden la mano a quien les quitó el bozal…” en clara alusión a los ataques periodísticos al régimen que si bien les había cortado sus privilegios, inauguró en el país una nueva etapa de libertades para los medios de comunicación, después que Porfirio Díaz había ejercido por décadas la represión violenta de toda expresión y libertad en el ejercicio periodístico.

La muerte y asesinato de Gustavo Adolfo Madero, además de cometerse en un marco de traición, fue realizada con una saña y crueldad más propia de bestias humanas que soldados en el cumplimento de un deber oficial, llegando a la crueldad excesiva, matizada de odio, frustración y venganza hacia quienes como él y su hermano, lucharon por un país donde la justicia fuera el elemento principal para la democracia.

Pateado por una turba de soldados, golpeado a puñetazos, escupido, humillado hasta el extremo, deformado su rostro a puntapiés, sacado su único ojo a punta de bayoneta, lo denigran, se burlan de su estado, le niegan toda piedad implorada, lo llaman cobarde, llorón, poco hombre … y por último le disparan en la cara “el tiro de gracia”; su cuerpo mutilado, lo entierran en un poso cavado en La Ciudadela, robándole sus pertenencias; en su ropa, el día de su muerte, Gustavo Adolfo traía tres cartas de su esposa donde, preocupada y amorosamente le pedía dejara la política y se reintegrara a su familia.

La frase de Gustavo Adolfo Madero está hoy más vigente que nunca para algunos medios de comunicación e intelectuales, cuya perruna subordinación a los intereses de la élite política que por décadas ha saqueado la riqueza nacional les lleva al nivel que denigra y ofende toda ética en la labor periodística: “Le muerden la mano a quien les quitó el bozal…” Usted… ¿Qué opina…?

 

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