Protestas contra AMLO ¿temor fundado?

Por: Nicasio Fonseca Munguía

Disentir políticamente en un país con gobierno democrático es un derecho, correlativo de la obligación de respetarlo por parte del Estado donde se ejerza tal acción. Hoy, en México, como resultante del largo proceso que la ciudadanía hubo de enfrentar para hacer valer su opinión frente a las arbitrariedades y violaciones de los regímenes anteriores, la sociedad sale a la calle de manera espontánea u organizada, sin temer mayores represalias que pongan en riesgo su vida o libertad para expresar sus ideas, sentimientos o hasta resentimientos en contra de la autoridad misma.

Este pasado fin de semana, en varias ciudades de la República, grupos identificados por su origen político como de derecha, salieron a la calle para protestar ante las recientes políticas del gobierno federal, mismas que consideran afectan nuestra estabilidad social y económica, a la vez que generan un ambiente de confrontación entre los diferentes sectores sociales; con razón o sin ella, resulta por demás claro el mensaje al Presidente López Obrador: “No permitiremos que sus decisiones políticas afecten nuestros intereses”.

Y es verdad… si consideramos el nivel socio-económico de los protestantes en las marchas del pasado domingo, resulta legítima la protesta porque, efectivamente, quienes hoy alzan la voz frente al nuevo régimen, representan un sector de empresarios y políticos, que aunque minoritarios, se atreven a sacar la cara al verse afectados en sus intereses muy particulares, toda vez que por décadas vivieron el auge de las preferencias de la administración pública, cuyos regímenes, como el foxista, sin la mínima ética y profesionalismo – y sí con el mayor cinismo – protestan exigiéndole a López Obrador en apenas cinco meses, por todo aquello que ellos mismos fueron incapaces de lograr en seis años.

Protestar, disentir y oponerse a las políticas de un gobierno o gobernante, enriquecen la praxis democrática cuando tras ello no prevalecen los intereses ocultos de un sector que, como en el presente caso, resultan parte activa de regímenes que por sexenios se vieron beneficiados lo mismo con sendos “convenios” de comunicación, prestación de servicios o construcción de obras públicas, lo que en estricto sentido no tuviera mayor relevancia si éstos no se hubieran llevado a la práctica con los vicios e incumplimientos de sobra conocidos por la opinión pública, que hoy se encuentra a la espera de la acción gubernamental cuya resultante sea la de fincar responsabilidades penales a quienes desde la misma Presidencia alentaron, solaparon o participaron en el gran fraude a la nación.

Manifestar la oposición al presente régimen federal, es cierto, alienta y nutre la democracia participativa; protestar dolosamente, desvirtuar los hechos de gobierno, descalificar las acciones de reivindicación social que tienden a poner orden en un país en el que por décadas ha prevalecido la anarquía, corrupción e impunidad, generando la pobreza y violencia que hoy padece la nación, resulta no solo reprobable, cuanto inmoral; ahora resulta que los Salinas, Calderón, Peña y Fox, se sienten con la autoridad política para estigmatizar a un régimen que como el actual, recién empieza a integrar los expedientes ante la Fiscalía General de la República, que permitan, llegado el caso, girar una o varias órdenes de aprehensión que igualmente pudieran llegar hasta algún ex Presidente ¿ Será por eso que empiezan a salir a la calle para evitarlo ? Usted ¿qué opina …?

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