DÍA DEL MÉDICO      

 

Gerardo Flores SánchezPor: Gerardo Flores Sánchez

Un día como hoy hace 80 años, los Sindicatos de Médicos Confederados, en una convención de celebrada en la Escuela de Ciencias Médicas (actualmente Facultad de Medicina de la UNAM), instituyeron el Día del Médico. Otros países han elegido diversas fechas para hacer un reconocimiento semejante a la labor de esta noble profesión.

Esto quiere decir que no hay unificación mundial en cuanto a la fecha de esta celebración, aunque a nivel Latinoamericano la Confederación Medica Panamericana, designo el 3 de diciembre como Día Internacional del Médico.

Donde sí hay unificación es en la opinión colectiva de que los médicos tienen uno de los roles más prestigiados y reconocidos por la sociedad, simplemente porque su tarea está ligada a proteger y promover la vida.

Su intervención en los momentos más críticos de una familia o de una persona, cuando se trata de atender el nacimiento de un nuevo ser, una enfermedad grave, de arrancar de los brazos de la muerte a una persona o acompañarla y despedirla cuando llega el momento de morir, tanto en el caso de las personas más comunes y humildes, como de las más poderosos y encumbradas. Esta actuación en los momentos más cruciales, los convierte en personajes indispensables e inolvidables en la historia familiar y personal de cada uno de nosotros.

La historia da cuenta de muchos médicos que fueron designados para altos puestos de gobierno en monarquías, dictaduras o democracias, han debido su designación a los oportunos y exitosos servicios personales en salud que dieron a los hombres de poder. Lo contrario, aunque menos frecuente también está documentado: médicos que fueron castigados duramente y aún ejecutados por haber fallado en su tarea de curar y salvar vidas. En la China milenaria, los médicos antes que curar la enfermedad, tenían la obligación de prevenirla y mantener sanos a los altos dignatarios.

El quehacer y saber médicos desde la prehistoria, pasando por la antigüedad, la época moderna y postmoderna, ha ido evolucionando, de una labor mágica-empírica asentada en una especie de don o virtud trascendente, a una que conjuga el arte, la ciencia, la habilidad técnica y comercial, que encuentra su justificación en una vocación, en talentos y habilidades desarrollados por el estudio y el entrenamiento arduo, costoso y disciplinado.

Hoy en muchos casos, decidirse a ser médico es menos un asunto de un llamado o vocación de servicio y más de una consideración de facultades, posibilidades y conveniencias., Nada hay de reproche en esto, a condición de que se desempeñe la tarea médica con capacidad, eficacia y honestidad, porque la despiadada competencia del nuevo siglo, parece dejar cada vez menos  espacio al romanticismo.

En el mundo moderno, industrializado y  comercializado los médicos son concebidos como profesionales, es decir que están acreditados y autorizados por instituciones educativas y sanitarias para ejercer un trabajo especializado, por el cual tienen el derecho legal de cobrar honorarios. Se consideran al mismo tiempo, trabajadores de la salud o asalariados, lo que significa que devengan el pago por sus servicios bajo un contrato laboral ante una institución pública o un patrón privado. También son definidos como prestadores de servicios, empresarios o funcionarios públicos.

Si en la edad antigua y media, para ser médico se tenía que ser aceptado como aprendiz por un maestro consagrado y prestigiado, la formación de los médicos en nuestro tiempo está a cargo de las universidades. En ellos existen médicos docentes que además de sus habilidades para la enseñanza, pueden ser algo más como maestros, investigadores, tutores y hasta mentores. Son estos grandes maestros de la medicina, que con su entrega y ejemplo, cultivan el talento de los alumnos más esforzados, logrando que cada generación fructifique en nuevos valores de la medicina mexicana. Esto demuestra que aunque es muy importante el prestigio e infraestructura de una universidad, lo definitivo es la conjunción del talento y vocación del binomio maestro-alumno.

De ello depende que los nuevos médicos sean más que profesionales asalariados, burócratas, funcionarios médicos,  especialistas tecnificados o exitosos empresarios de la salud, sean sobre todo médicos en toda la extensión de la palabra.

Entre ellos podemos mencionar a célebres médicos tamaulipecos que ganaron con su desempeño el reconocimiento nacional e internacional, como el Dr. Carlos Canseco, el Dr.   Francisco Biagi Filizola, el Dr. Ruy Pérez Tamayo, el Dr. Norberto Treviño Zapata, el Dr. Emilio Martínez Manatou, el Dr. Ramiro Iglesias Leal, el Dr. Misael Uribe Esquivel, solo por mencionar a algunos.

Justo es decir que hay muchos más excelentes médicos tamaulipecos (cerca de 8 mil), que pasan desapercibidos; pero que cotidianamente hacen una generosa e inestimable aportación a la salud de los tamaulipecos, pese a todas las condiciones adversas que pudieran enfrentar. Esta persistencia en elegir esta profesión y constancia en dar servicios con calidad y humanismo, se explica por una razón fundamental: son médicos por vocación y misión.

Seguramente la mayoría de ellos celebraran este su día, trabajando y llevando salud a sus pacientes como lo hacen cotidianamente.

Para estos médicos de vocación que están en activo, para los que ya se retiraron o que han partido, vaya esta modesta felicitación y reconocimiento.

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