HOY, SOBRE EL PROCESO POLÍTICO-ELECTORAL (III)

Armando Mtz VerdugoPor:  Armando Martínez Verdugo

(Mis claves para reflexionar sobre el actual proceso político-electoral

Segunda parte

Para llevar a cabo la lucha revolucionaria ideológica, política y en el orden organizativo, me parece importante que se cuente con una definición sobre una serie de cuestiones. A continuación me referiré a algunas de ellas.

El liberalismo democrático liberal burgués.

  1. El sustento burgués del lopezobradorismo como liberalismo, se expresa en que su pensamiento es idealista. El lopezobradorismo, en el fondo, se sustenta en el convencimiento de que las ideas, las posturas, la moral, lo que podemos agrupar en el ámbito de lo superestructural determina todo en la sociedad mexicana. Las relaciones de producción no son determinantes; incluso ni se toman en cuenta.
  2. De esto, el lopezobradorismo deriva que el Estado y las políticas estatales no sólo son independientes, son las fundamentales y determinantes. No ve al Estado como una expresión de las relaciones sociales de producción, específicamente capitalistas. De tal manera que no sólo explica las políticas públicas y los comportamientos de los funcionarios del Estado como hechos autónomos del modo de producción capitalista dominante, sino que, en consecuencia, está convencido que puede cambiar la naturaleza (según el concepto propio a él de naturaleza) del Estado sin cambiar la naturaleza de las relaciones de producción. No hay en el lopezobradorismo una visión de clase proletaria, sino una visión pequeñoburguesa: la mafia (no una clase social), es decir, una organización clandestina de criminales conduce político-estatalmente a la sociedad mexicana. Naturalmente, el problema estatal lo considera como hecho moral, como hecho cultural, como hecho jurídico.
  3. Los ataques lopezobradoristas se limitan o priorizan los aspectos relativos al funcionamiento del aparato estatal, poniendo el acento en la funcionalidad y efectividad del mismo. Su crítica más fuerte se orienta a la “mala administración”, al uso “indebido e inadecuado” de los recursos estatales, a la corrupción que, según el lopezobradorismo es la causa de causas de todos los males. En el lopezobradorismo no hay, y no puede haber, una reflexión sobre la explotación, sobre la opresión de clase, no hay una caracterización del Poder; su pensamiento se estrecha en los límites del gobierno, del Estado, de los “engaños”, de las inmoralidades, de los comportamientos rapaces e ilegales.
  4. Asume que la oposición al Régimen debe limitarse a que los dirigentes liberal-reformadores ocupen el lugar de la Al ocupar los cargos principales esos dirigentes habrán de moralizar, apegar a la legalidad y a las buenas intenciones las políticas públicas, sin modificar radicalmente las relaciones sociales de producción.
  5. Que cualquier oposición al Régimen dominante debe subordinarse a la oposición lopezobradorista: ¡¡Apóyenme, voten por mí y cuando sea Presidente les resolveré sus problemas!! No convoca a sus seguidores a articularse en condiciones de fraternidad combatiente con los demás opositores. Aplica, pues, una política clientelar; el PRI da despensas, el lopezobradorismo da promesas de solución.
  6. Trabaja con la ciudadanía, no con obreros, campesinos, artesanos, no con clases sociales específicas.
  7. Practica un acendrado individualismo, dado que a la personalidad, al dirigente, se le asigna el papel preponderante.
  8. El lopezobradorismo es práctica de oposición burguesa que mediatiza, enajena y destruye el protagonismo de los trabajadores, de los grupos sociales oprimidos, les anula su capacidad de autodeterminación. Él es “la luz”, los trabajadores y los grupos sociales oprimidos son las huestes que serán iluminados, que gracias a él verán el camino de la resurrección.
  9. El lopezobradorismo no forma a los afiliados y seguidores de su proyecto de una manera combativa; no da pie a una preparación radical de ellos para que, en los momentos cruciales, puedan enfrentar, fuerza contra fuerza, a la fuerza del Poder.
  10. Andrés Manuel López Obrador, como el dirigente de la oposición liberal burguesa, es autoritario, déspota, desconfiado de la crítica, dispuesto a golpear a quien considere un estorbo para su proyecto.

La perspectiva

  1. Para realizar un trabajo revolucionario en el espacio político-electoral concreto, mexicano de hoy, es necesario convencerse que es no sólo posible sino necesario llevarlo a cabo. Aunque esto parece una perogrullada, debe precisarse pues prima la idea de que en este espacio no hay cabida para un trabajo revolucionario, que en él no hay relaciones de clase, confrontación de clase, lucha de clase. Hay que estar seguros que actuar en su seno no es ya y de por sí burgués, traidor, claudicante, oportunista y merecedor de calificativos por el estilo. Convencerse que todo depende de la perspectiva y el interés de clase con el que se realice el trabajo. Pues, puede ser burgués, traidor, cometer acto de claudicación, oportunista y demás (y de hecho lo es en muchos sentidos, por varias prácticas) también el trabajo político en lo sindical, en lo comunitario, y en todas las resistencias.

 Existe una labor revolucionaria político-electoral; no hay sólo una labor burguesa y hasta contrarrevolucionaria.

  1. Una premisa para realizar trabajo revolucionario político-electoral consiste en asumir que en el periodo actual de la lucha social y de clases existe una resistencia popular político-electoral. Que no hay lucha revolucionaria electoral todavía, es verdad; que no hay articulación en las acciones electorales del pueblo, cierto, que no hay conciencia de la universalidad y la integralidad del accionar político-electoral actual del pueblo mexicano, es real. Pero sí hay unidad de acción de millones de mexicanas y mexicanos que despliegan su energía política parcial, monotemáticamente, defendiéndose de los agravios que sufren en lo político-electoral por la clase dominante, no en las condiciones de vida y de trabajo, no en su cultura, etc., sino específicamente en lo político-electoral; acción unitaria con la que se intenta detener esos agravios y forjar condiciones para una nueva relación gobierno (Estado)-población civil.
  2. Que la acción revolucionaria político-electoral es necesaria porque el proceso revolucionario en el México históricamente existente, específicamente en lo que se refiere a la vía de la revolución, tiene asignada a la lucha revolucionaria político-electoral un lugar específico, al que yo he propuesto denominar el Epílogo de la revolución. El pueblo mexicano es el que ha determinado esa vía, con su costumbre histórica de llevar su decisión de enfrentar agravios fundamentales por medio de las elecciones. Casi en ningún país del mundo, la población vota en un cien por ciento; el abstencionismo es por doquier muy alto. En el mundo burgués contemporáneo, en las elecciones el pueblo participa bajo orientación de uno u otro pensamiento burgués. Esto, sin embargo, no elimina el papel histórico de este espacio de la conflictividad de clases. Por otra parte, no hay que olvidar que las revoluciones, como lo demuestra la historia, se definen por el sector políticamente activo (Lenin). Y una parte importante de lo que en los hechos, no en la ideología ni en los deseos, viene desempeñándose como componente de ese sector políticamente activo lo viene haciendo en el espacio político-electoral. La resistencia político-electoral tiene en su haber (como las otras resistencias) una serie de alzamientos, varias embestidas que incluso han llegado a alcanzar visos de ofensiva, llegando a límites que han preocupado hondamente a la clase dominante. Ésta, tiene perfectamente conocida a esta resistencia, como a otras, le tiene “tomada la medida”; ha hecho y hace miles de esfuerzos para corromper, para mediatizar, para intimidar, para destruir a esta resistencia (como lo hace con las otras). Se ha volcado con energía para impedir que al seno de esta resistencia florezcan las ideas revolucionarias (como lo hace con todas las resistencias); inventa alternativas falsas, recompone sus alianzas, introduce “concesiones”, modifica regímenes legales, da pasos para cambiar algunos aspectos del régimen de partidos, avanzando a una “alternancia PRI-PAN”; forma partidos de “izquierda”, asesina a luchadores “por la democracia”, gasta lo indecible para cohechar al pueblo, soborna, corrompe, engatusa. En fin, pelea como gato boca arriba para no perder el control y el mando en lo político-electoral.
  3. Para un rumbero no hay pierde: hacer trabajo revolucionario político-electoral en las actuales condiciones históricas, implica y obliga a ejercer, poner en práctica, realizar, los lineamientos producidos por Rumbo en sus últimos eventos nacionales. Las guías básicas para este trabajo, en cualquier resistencia, están en esos lineamientos. Hay que hacerlo con creatividad; hay que hacerlo con iniciativa y alto protagonismo; hay que atreverse a construir. Pero las bases fundamentales, las claves más determinantes, están en esas orientaciones y lineamientos.
  4. Que el hecho de que todavía no haya articulación y todo lo demás que conforma las condicionantes de una lucha revolucionaria no significa que ello no se pueda construir y que, en consecuencia, se le plantee como una perspectiva de trabajo, como un plan de acción de los revolucionarios rumberos. Nosotros, o yo (para evitar discusiones desviantes) hablo de tendencias, hablo de regularidades en el proceso de la lucha social y de clases concreta en el México del actual periodo. Si he hablado del prólogo y el epílogo no es para decir que ya puedan realizarse de inmediato o no tienen validez, sino como guías para construir revolucionariamente; como objetivos a realizar, como rutas a andar, como guías estrella. Hay momentos en que es posible poner fecha a determinadas tareas; hay lapsos en los que no es posible. Lo básico es contar con línea de acción, que se construye explicando e interpretando lo real existente en la lucha social y de clases. Para mí la definición de la vía de la revolución es central en la proyección revolucionaria, es decir, la determinación de la forma, de la metódica, o de la combinación de formas de acción de la fuerza o de la clase potencialmente revolucionaria que más afecta, que más golpea y que, finalmente, más contribuye a la acumulación combativa de fuerza revolucionaria y al mismo derrocamiento del Poder burgués. Es mi propuesta. Con ella, estructuro mi proceder y defino las posibilidades y necesidades de mi contribución a la revolución en México. De ahí mi valoración de lo político-electoral en las condiciones históricas precisas. (…)

Colectivo Rumbo Proletario

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