VICTOR JARA…¡PRESENTE! A LOS 44 AÑOS DE SU ASESINATO

Roberto Guzmán QuinteroPor: Roberto Guzmán Quintero*

Hace 44 años fue asesinado en el Estadio Nacional de Chile, el hombre de teatro, compositor y cantante popular,  Víctor Jara (Chillán 1932-Santiago 1973).

Fue director  artístico del grupo Quilapayún entre 1966 y 1969, y hasta 1970 actuó como solista en otros grupos sin abandonar el teatro.

En  1966 grabó su primer LP como solista, Víctor Jara, editado por la empresa discográfica Arena. Con la empresa Odeón grabó al año siguiente Canciones folclóricas de América, junto con el grupo  que dirigía.

En 1969, llevó a cabo el montaje de Antígona, de Sófocles,  para la Compañía de la Escuela de Teatro de la Universidad Católica. Con la canción «Plegaria a un labrador» ganó el primer premio en el primer festival de la Nueva Canción Chilena;  viajó a Helsinki para participar en un acto mundial en protesta por la  guerra de Vietnam.

Viajó a Berlín en 1970, participando  en la Convención Internacional de Teatro y luego asistió en  Buenos Aires, aI  I Congreso de Teatro Latinoamericano. En esa época, intervino en el campo político como artista, durante la campaña electoral de Unidad Popular, cuyo candidato era Salvador Allende. Presentó luego  su álbum Canto libre.

Al asumir Allende la presidencia  de la República de Chile, Jara fue nombrado embajador cultural;  en 1971 compuso la música, junto con Celso Garrido para la obra de ballet Los siete estados, actuando el Ballet Nacional de Chile. Junto con Isabel Parra entró en el Departamento de Comunicaciones de la Universidad Técnica del Estado. Con la discográfica Dicap, editó  El derecho de vivir en paz, que le valió el premio Laurel de Oro a la mejor composición del año.

Participó  en la televisión nacional de 1972 a octubre de 1973,  investigando  y recopilando  testimonios para editar su disco La población. También viaja a la Unión Soviética y a Cuba, coordinando el homenaje a Pablo Neruda por la obtención del  Premio Nobel.

El involucramiento y apoyo al presidente Allende fue la causa final de su muerte. Conocía   desde el arranque del  gobierno socialista, que  éste era hostilizado por los Estados Unidos, que no toleraría  que surgiera otra Cuba en el Continente. Ya Henry Kissinger desde la Casa Blanca había diseñado un plan para combatir a Allende al precio en dólares y vidas que fuera necesario, hasta derrocarlo.

La maligna maquinaria de la CIA apoyada por varias empresas trasnacionales cuyos intereses peligraban, iniciaban una lucha subterránea y eso lo sabía el Presidente… quien se ufanaba de la  tradicional fidelidad del Ejército y la Marina, además de los Carabineros… fidelidad quebrantada finalmente.

También Fidel Castro estaba enterado de la acechanza que se cernía sobre su camarada de ideales… por ello, le regaló  simbólicamente un fusil… que presentía lo usaría tarde o temprano.

El 11 de septiembre de 1973 la Marina se sublevó en Valparaíso y luego siguieron las demás fuerzas, apresurándose Allende en llegar al Palacio de la Moneda de donde afirmó, no saldría sino hasta terminar el mandato que el pueblo le había conferido. Despreció  el “indulto” que le ofrecían para escapar al país de su elección.

En esas horas de angustia en que los aviones de combate empezaban a amenazar al  Palacio, lanzó su último discurso que pudo grabar Radio Magallanes, por medio del cual quedó impresa  fielmente su recia personalidad y valor, avizorando que después de su muerte, “caminará el hombre libre por las alamedas” . Murió defendiendo con las armas su gobierno,  en medio de los destrozos causados por las bombas. El  Grupo Amigos del Presidente, estuvo a su lado hasta el final dando heroica muestra de lealtad.

La brutalidad de los militares con los miles de simpatizantes y seguidores de Unidad Popular manchó para siempre el prestigio de las fuerzas armadas. Pocos pudieron salvarse refugiándose en las embajadas de Suecia (película “El clavel negro”)  y de México, con un Martínez Corbalá que arriesgó la vida para protegerlos.

Quien no buscó refugio fue  Víctor Jara, a quien tomaron prisionero  en redada, identificado por un oficial en el Estadio Nacional como “peligroso enemigo”… cuyas armas eran: una guitarra y su cantar  al pueblo.

Fue cruelmente mutilado y murió en ese campo edificado  para el deporte,  convertido en gigantesco centro de detención, tortura y exterminio. Ese estadio ahora lleva el nombre del artista.              

Víctor Jara sigue vivo a través de las grabaciones y homenajes que le hacen en Latinoamérica. El grupo que él dirigió, los sobrevivientes y nuevos miembros del grupo folklórico Quilapayún, se presentó en el XL Festival Internacional Cervantino en octubre de 2012,  cantando una de sus canciones:

Te recuerdo Amanda /la calle mojada/corriendo a la fábrica donde trabajaba Manuel./La sonrisa ancha, la lluvia en el pelo/ no importaba nada,  ibas a encontrarte con él / Son cinco minutos, la vida es eterna en cinco minutos./ Suena la sirena de nuevo al trabajo/ y tú caminando lo iluminas todo/ los cinco minutos… te hacen florecer” …

*guzmanasa@hotmail.com

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