HOY, SOBRE EL PROCESO POLÍTICO-ELECTORAL (2)

 

Armando Mtz VerdugoPor: Armando Martínez Verdugo

(Mis claves para reflexionar sobre el actual proceso político-electoral)

Primera Parte

A la cabeza de la actual resistencia político-electoral está una conducción liberal-burguesa que representa los intereses de la pequeña y mediana burguesía, hoy fuertemente golpeadas por el neoliberalismo. Los revolucionarios anticapitalistas, como en todas las demás resistencias como es lógico (pues si condujeran ya no estaríamos hablando de resistencias sino de lucha revolucionaria), no hemos conseguido hegemonizar, no hemos podido ponernos a la cabeza y ayudar a los millones de resistentes a lo largo y ancho del país a que den el paso a una postura y una actuación anti-sistémica y contra el Régimen de una manera sustentable y definitiva.

La conducción liberal-burguesa que predomina en la actual resistencia político electoral, lógicamente (a partir de su contenido político-ideológico demócrata-reformador) la ha mediatizado limitándola a un carácter democrático burgués que se ha venido procesando y dirigiendo con métodos no revolucionarios anti-capitalistas, menos aun con prácticas de autodeterminación.

 Ahora bien, creo necesario repetirlo, en la medida en que la próxima revolución necesaria y posible (la revolución anticapitalista) tiene ante sí, junto con las tareas anti-burguesas, tareas de carácter democrático, la acción democrática político-electoral es parte de las impostergables transformaciones revolucionarias que requiere el país. Por esta razón, y desde una perspectiva de clase, lo primero que estamos obligados a retener es que se trata de una confrontación con raíces en la actual conflictividad de clases. No es obra de la burguesía, no es una maniobra creada por la burguesía para “distraer” a las fuerzas populares de su “misión histórica”; no es el “gancho” con el que la burguesía enchufó a los revolucionarios a la égida burguesa. Verla así sería propio a una imperdonable visión estrecha, reduccionista y maquiavélica, propia a esa postura neohegeliana que ve al pueblo como un frágil juguete manipulable, y a la burguesía mexicana como el demiurgo al que le basta mover un dedo para poner de rodillas a quien sea.

El problema de problemas consiste en la dirección de ese proceso, la cual no se deriva automáticamente del carácter económico-social de la contradicción que funda a la misma resistencia. Si está teñida de carácter democrático burgués la resistencia político-electoral no quiere decir que deba ser la burguesía la que dirija. El proletariado revolucionario puede y debe dirigir; los revolucionarios comunistas pueden y deben estar al frente.

¿Qué se puede concluir de todo esto?

Primero, la resistencia político-electoral es, en las condiciones actuales, uno de los riachuelos de la oposición al régimen gran burgués, transnacional, hegemónico, en México.

Segundo, ella aporta una de las contribuciones para  saldar el aspecto democrático de la próxima revolución necesaria y posible (anti-capitalista).

Tercero, debe quedar muy claro que no es lo mismo la resistencia político-electoral que la dirección de la resistencia político-electoral.

 Cuarto, por su dirección, ella se mueve, procede y habla, por lo tanto, de forma democrática (eliminar los aspectos autocráticos, corporativos, clientelares, de corrupción, fascistoides, etc. del Régimen político imperante; demanda nuevas relaciones político-estatales en la vida de México), sin la pretensión de acabar con el sistema capitalista.

Quinto, esa resistencia (como todas las demás, que al igual que aquélla adolecen de conducción revolucionaria anti-capitalista y más todavía de conducción revolucionaria de autodeterminación), debe ser un frente de acción de los revolucionarios, quienes habrán de actuar ahí poniendo en práctica las líneas fundamentales de la lucha por la revolución en las condiciones específicas y particulares de este espacio.

Sexto, los revolucionarios no pueden sumergirse en ese frente para subordinarse a la conducción democrático-liberal-burguesa comandada por AMLO. Deben ir a ella para pelear la hegemonía.

Séptimo, la hegemonía revolucionaria se conseguirá: a) actuando en el interior de dicha resistencia; b) implementando métodos de trabajo revolucionario o, para nosotros, prácticas de autodeterminación; c) difundiendo el proyecto de autodeterminación; d) luchando por poner en práctica las tareas que han sido fijadas por nuestra Dirección de Rumbo.

Octavo, la fuerte lucha ideológica que hay que implementar básicamente contra el priismo y contra el lopezobradorismo, tiene que guardar diferencias muy importantes. El movimiento que podemos llamar lopezobradorista conforma una oposición al actual Régimen político, y ante ésta, como ante cualquier oposición al actual Régimen dominante, los revolucionarios comunitaristas estamos obligados a apoyar al pueblo en resistencia, siguiendo nuestras orientaciones básicas sobre el “trabajo de masas”. No apoyar las actitudes y acciones del dirigente AMLO, sino apoyar a la resistencia que miles de mexicanas y mexicanos oponen al Régimen. En la práctica, o más bien, mediante acciones de base combatir la ideología y la política liberal reformadora pequeñoburguesa lopezobradorista. La lucha ideológica contra el lopezobradorismo debe ser muy fuerte, sin contemplaciones ni concesiones, pero  debe basarse en una fuerte lucha política y en una fuerte orientación organizativa en las bases de dicho movimiento. Lo primero que hay que poner por delante es la construcción de una orientación de autodeterminación, lo cual se logra, implementando en las bases el cúmulo de tareas y las orientaciones de nuestros dos últimos congresos y del Segundo Pleno del Consejo electo por el Sexto Congreso Nacional; y sobre aquella construcción, la destrucción de la hegemonía pequeñoburguesa. Tenemos que pelear palmo a palmo por la conciencia y la voluntad de esos millones que resisten en el espacio político-electoral.

En esta resistencia, como en todas las resistencias, hay aspectos atrasados y aspectos desarrollados. Debemos ubicar estos últimos aspectos y sobre ellos operar, a fin de conseguir su despliegue hacia posiciones revolucionarias.

La lucha contra la conducción liberal burguesa hoy predominantemente lopezobradorista, debe llevarse a cabo, fundamentalmente, implementando una fuerte lucha política, ideológica, organizativa, contra el priismo, mediante sistemáticas y bien organizadas jornadas de denuncias políticas, actividades que golpeen los consensos con los que el priismo  ha erigido su base social de apoyo. Es decir, a través de prácticas radicalmente contrarias a las prácticas lopezobradoristas. 

Noveno, poner por delante el aspecto constructivo significa, que hay que llevar en y a la base de esta resistencia orientaciones sobre qué hacer, cómo hacer; no enredándose en los pleitos que generan las  altas autoridades morenistas, no rebajarse al nivel de las acusaciones, las descalificaciones del estilo de los “despechados” por no haber sido tomados en cuenta para hacerse de un hueso.

Hay que des-institucionalizar la acción revolucionaria al seno de la resistencia político-electoral, planteando que el problema no está en el partido o en las estructuras y las reglas partidistas, que son expresión de un contenido político de clase. Hay que poner el acento en las prácticas, considerándolas como un movimiento de pueblo y de dirigentes en los que está la huella de clase.

Hay que  des-personalizar la acción revolucionaria político-ideológica, y ver al lopezobradorismo  como una tendencia de clase, más que una figura individual. Significa meterse a la organización de base del pueblo que constituye esta resistencia. Los comportamientos individuales de AMLO en el fondo se derivan de su posición ideológico-política, la cual hay que identificar y combatir. 

Nadie puede negar que hay miles, tal vez millones, de actores de pueblo que están ahí, cifrando sus esperanzas en los resultados de esas acciones, y no lo hacen por capricho, no lo hacen, por ignorancia, no lo hacen por equivocación. Lo hacen por instinto de clase, que les permite entrever el significado de ese espacio de la conflictividad. Ellos intuyen que ahí, en ese escenario, en ese espacio (como decimos nosotros) de la conflictividad política y en esa dimensión (según nuestro lenguaje), anidan expectativas históricas de erradicación de sus males y de apertura de una vida diferente. Esos sectores de pueblo no pueden ver por sí solos el lugar que en la vía de la revolución le ha asignado la historia a la acción político-electoral liberadora. Hay que explicar esto en las bases populares de esta resistencia como una tarea prioritaria; hay que forjar en ellas conciencia de clase, ayudarles a que se den líneas políticas revolucionarias superando los límites liberales que le imponen los demócratas reformadores. Esto presupone que los resistentes en el frente político-electoral deben identificarse como una resistencia, no como la resistencia: conocerse, comprender su potencia y comprender sus limitaciones históricas; comprenderse como parte constitutiva de un entramado de fuerzas y de actores por la transformación de estas relaciones de producción de la vida en México. Y, por lo tanto, romper y superar el aislamiento, la des-articulación con los otros esfuerzos populares a la que les ha llevado la dirección democrático-liberal-reformadora-pequeñoburguesa.

Décimo, al no olvidar que un revolucionario no inventa las formas de lucha ni se forja a su gusto las resistencias, estamos obligados a verlas, a reconocerlas, a asumirlas en su realidad sociopolítica e ideológica; y con las herramientas de acción revolucionaria, tomar lo más desarrollado de ellas y, sobre este nivel, trabajar arduamente para el despliegue hacia acciones revolucionarias. Al igual que en otras resistencias, en ésta se encuentran miles de activistas, de dirigentes de pueblo que han sido y siguen siendo el artífice fundamental de la continuidad de esta resistencia, de su conversión en una amenaza para el Régimen priista, en una escuela de confrontación al Régimen, en una cantera de fuerza que, en un proceso acumulativo, se unirá a la fuerza que se forje desde las resistencias extra-institucionales. Lo más desarrollado en esta resistencia, lo más avanzado, está en los miles de militantes de MORENA inconformes con las prácticas que claramente identifican con el proceder personal de AMLO, y que llevan a cabo un activismo de distinto tipo que se confronta con aquellas prácticas y procederes que califican de anti-democráticos. En estos inconformes hay que concentrar la actividad revolucionaria, y en este ámbito debe priorizarse la lucha por la hegemonía.

Undécimo, si no lo hacemos ya, si no nos lanzamos a la lucha por dotar a esta resistencia de un carácter clasista proletario-popular, apoyándonos (como debemos hacerlo en las otras resistencias) en nuestros militantes rumberos que han decidido trabajar en este frente político y que deben ubicar, concientizar y organizar a los dirigentes de pueblo, no nos quejemos que sean otros, como el lopezobradorismo, los que conduzcan. Un trabajo paciente, sostenido con posiciones claras habrá de cuajar cuando se lleven a cabo las oleadas, los alzamientos político-electorales en las coyunturas electorales. En esos momentos, el trabajo persistente rendirá sus frutos. Para cosechar hay que estar sembrando día a día, poniendo en acción nuestras prácticas de autodeterminación en este frente de pelea entre el capital y el trabajo. Frente en el que, como lo hemos dicho repetidas veces, habrá de darse la confrontación de cierre de la prolongada lucha por derrotar y erradicar  al régimen priista-panista-perredista y demás partidos comparsa. (…)

Colectivo Rumbo Proletario

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