HOY, SOBRE EL PROCESO POLÍTICO-ELECTORAL (I)

Armando Mtz VerdugoPor:  Armando Martínez Verdugo

(Mis claves para reflexionar sobre el actual proceso político-electoral)

Primera parte

Tal como se dijo desde hace meses, al acercarse 2018 la cuestión político-electoral irá asumiendo cada vez más un destacado lugar en la reflexión y en la práctica de las fuerzas sociales y políticas de México. Esto es así, porque en esa cuestión está el eslabón de la cadena de dominio del Poder del capital en el país que hay que romper para abrir las compuertas del proceso de transformación revolucionaria integral del Régimen y del sistema capitalista. La liberación económica en el sistema burgués determina la liberación política, pero ésta es la primera puerta que hay que abrir para construir plenamente la libertad económica, es decir, la erradicación del régimen de conducción político-estatal de la sociedad mexicana y su suplantación por una conducción político-estatal proletario-popular pondrá en ruta el cambio total de las relaciones sociales de producción de la vida en México.

En la dimensión política-estatal, como fue señalado también desde hace meses y tal vez años, se desarrolla una resistencia especial, o sea, un despliegue de energía, de voluntad, de determinación, espontánea, sectorial, sin conciencia de clase, sin articulación integradora con otras resistencias, de un carácter monotemático, de respuesta de miles y seguramente de millones de mexicanas y mexicanos ante los agravios que el Poder asesta en lo concerniente al gobierno, a la definición y ejercicio de las políticas públicas, al  uso del presupuesto, a la conformación de los órganos y las instituciones estatales en el país, al régimen de justicia y en torno a todas las relaciones entre el Estado y la población.

El priismo, como ejercicio del Poder de la burguesía mexicana para garantizar un específico modo de acumulación de capital en México (con una distribución de la riqueza que polariza de manera extrema la pobreza, por un lado, y la inaudita opulencia de un grupito, por otro lado; con un entreguismo servil al capital transnacional; con políticas de delincuencia de lesa humanidad; y con una culturalización que busca el mayor servilismo y atontamiento del pueblo), el priismo, digo, ha consistido en un ejercicio gubernamental casi autocrático, es decir, la clase burguesa y su pequeño destacamento de dirigentes políticos no han permitido verdaderas elecciones, las que realmente han sido casi siempre comedias, trápalas, patrañas, una mentira. Ese grupito y la casta de millonarios han llevado a cabo “sus propias elecciones”; en su seno se han puesto de acuerdo sobre quien será el siguiente Jefe de Estado, de tal manera que cuando lo han anunciado (El tapado, le llamó la voz popular) las campañas, las votaciones y todo lo demás han sido actos de refrendo de una determinación granburguesa tomada de antemano, desde el cenáculo de la casta dominante, por los representantes empresariales, por los dirigentes charros de las principales organizaciones sociales bases del corporativismo, por representantes de la intelectualidad burguesa, por los políticos-burócratas priistas.

El priismo ha consistido en un ejercicio de corporativismo que ha vaciado de contenido de clase a todas las organizaciones sociales y ha establecido un férreo control sobre todo lo relativo a su conformación y funcionamiento, de tal manera que en México ha sido casi total la ausencia de organizaciones sociales y políticas constituidas, organizadas y sostenidas por las clases populares. El priismo ha consistido en un ejercicio de patrimonialismo que ha implicado la conversión del Erario en una fuente más de acumulación particular de capital; el enriquecimiento enorme de los funcionarios mexicanos es una práctica realizada desde los años veinte del siglo pasado. El priismo ha consistido en una línea estatal y paraestatal de asesinato de todo lo que huele a oposición. La facistización, el patrioterismo, la demagogia, son componentes del priismo, que por décadas han forjado un ambiente que corrompe la conciencia del proletariado y de los trabajadores en general, que dificulta enormemente el despliegue de las resistencias, las que han sido golpeadas desde su nacimiento, mediatizadas, corrompidas sus direcciones.

La llamada izquierda mexicana, por su lado, históricamente ha sido golpeada, mediatizada, de tal manera que no ha logrado construir hegemonía revolucionaria ni siquiera democrática en los reiterados alzamientos populares que han llenado la historia del país.

No puede decirse que todo sigue igual, naturalmente. No obstante sus limitaciones, los esfuerzos de muchos destacamentos del pueblo mexicano y de muchos revolucionarios y demócratas, enfrentando al régimen priista, han introducido mutaciones nada despreciables en el orden político-electoral, el cual, por una lamentable ausencia de dirección revolucionaria, han sido presentadas como dádivas del Régimen. Esas mutaciones han implicado rendijas (Lenin)  por donde se han metido destacamentos en resistencia imponiendo, poco a poco, un clima que ya no es de total bonanza para el priismo en lo referente a la correlación de fuerzas (V, VI congresos nacionales y Segundo Pleno). Pero los estorbos de todo tipo, las relaciones políticas marcadas con aquellos elementos, siguen pesando en la escena nacional, enturbiando o no permitiendo que el conflicto de clases, la contradicción entre el proletariado y la burguesía aparezca claramente como el eje de la cauda de contradicciones que cruzan al capitalismo mexicano.

El proyecto revolucionario mexicano anti-capitalista está interesado en eliminar esas rémoras, en limpiar el terreno de la confrontación clasista. Por esta razón, la próxima revolución, necesaria y posible, tiene un fuerte contenido de revolución democrática, en la que está interesado no sólo el polo proletario, sino también sectores de la misma burguesía que también sufren los agravios de aquella situación.

La ausencia de un verdadero parlamentarismo, de un auténtico régimen de justicia, el clima de considerables restricciones a las libertades civiles, el asesinato de periodistas, las medidas represoras de comunicadores como Carmen Aristegui, la línea del “carro completo” en las elecciones y del fraude persistente en cada elección, ofrecen bases consistentes para un pensamiento liberal, para un constitucionalismo burgués, que clama por un lugar en el ejercicio del Poder y en la máquina de control y mando, hoy coto cerrado de la casta de multibillonarios y multimillonarios y de su burocracia política.

Por otro lado, aunque de forma radicalmente distinta a lo que plantea el liberalismo burgués, en el proyecto del proletariado revolucionario no puede quedar fuera la cuestión de la democracia, de las libertades civiles, del ejercicio libre y soberano de gobierno, de producción de la normatividad estatal, de justicia, de todo lo que significa e implica el funcionamiento del Estado. Esto conlleva un conjunto de demandas de carácter democrático (proletario-popular) del mismo proyecto revolucionario anti-capitalista. Y esto, en consecuencia, forja también el terreno de las resistencias político-electorales.   

Ante esto, creo obligado fijar mi posición contraria a esa radical oposición, producto de una pérdida de la visión y la perspectiva de clase, que ha sido pensada entre la llamada “democracia directa” y la llamada “democracia representativa”. Esta división es, para mí, falsa; un producto del liberalismo jurídico burgués. Los revolucionarios comunitaristas no pueden dejar de lado la necesidad de constituir direcciones, representaciones (consejos con sus comités directivos –Trotski fue, dos veces, presidente del Soviet de Petrogrado–, órganos estatales conformados mediante elecciones directas, universales, secretas, comités directivos de distintas organizaciones que los trabajadores se dan para procesar sus necesidades específicas, etc.) que se conforman por procedimientos electorales apegados a una legalidad específica, que nosotros queremos que sea legalidad proletario-popular, pero legalidad al fin, que debe respetarse a carta cabal. El problema está en las reglas del juego, en la hegemonía de todo tipo que se construye y se sostiene por parte del proletariado revolucionario y los trabajadores revolucionarios en general. El problema está en el contenido y el interés de clase que va implícito en los procedimientos de la construcción y el ejercicio de la conducción de la nueva vida. El establecimiento y el respeto irrestricto de la legalidad proletario-popular, es básico en la construcción de una vida auténticamente humana vivida en autodeterminación.   

Todo esto señala que en la acción político-electoral puede realizarse una “democracia directa” y/o una “democracia representativa” simultáneamente, las cuales pueden tener distinto carácter de clase; aunque sean “directas” o “representativas” pueden ser burguesas o pueden ser proletario-populares. El carácter burgués o proletario-popular se expresa en lo procedimental y en lo formal pero no depende directa y automáticamente  de ello; depende del carácter de la conducción; depende de qué clase es la que dirige.   

La actual resistencia político-electoral se caracteriza, como todas las actuales resistencias (la reivindicativo-sectorial, la comunitarista, la del tipo Ayotzinapa), por su desarrollo desigual y combinado, por sus flujos y reflujos, por sus avances y sus retrocesos. Como todas las demás, esta resistencia adolece de lo mismo que las otras: no está dirigida por fuerzas revolucionarias de carácter proletario, anticapitalista, que buscan el cambio verdadero, radical e irreversible. Al igual que las otras resistencias, la político-electoral se ha venido desplegando mediante alzamientos que una y otra vez han sido derrotados y quedan a mitad del camino. Le ha ocurrido como al alzamiento conocido como el movimiento de la APPO, como varias acciones sindicales, como a los alzamientos magisteriales y a las acciones en defensa del territorio; todas han sido derrotadas, pero todas dejan lecciones que deben servir para avanzar en la superación de sus debilidades. Con esas derrotas no se concluye que hay que abandonar la labor revolucionaria persistente en los espacios en los que se han realizado esos alzamientos; se insiste una y otra vez, siempre buscando corregir deficiencias. (…)

Colectivo Rumbo Proletario

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