Nicolás, un cachito de vida…

maria-en-el-desfile-16-de-sepPor: María Jaramillo Alanís

Hace 93 años nació Nicolás Jaramillo Avalos, él dice que en el Ejido El Aquiche, municipio de Xicoténcatl: “Nos vinimos de Tampico a ser campesinos y de ahí me fui con mi padre a arrear burros, cruzando el Cielo, hasta Tula”. De hecho Nicolás con su padre Macedonio Jaramillo Mascorro (+) traían mercancías de Tula que intercambiaban en los pueblos de lo más alto de la Sierra Madre, bajaban a Victoria y vendían en las casas de los ricos del 17 (que ya se acabaron, ahora los nuevos ricos viven en el Campestre, apestados) bateas de cedro rojo, lo mismo para bañarse, lavar, que para batir masa.

El sábado pasado, por ser día en que algunos de mis hermanos pueden movilizarse, se festejó a Nicolás y cuando Leticia, mi hermana menor decía al micrófono que contaran las vivencias con nuestro padre, no caí en la trampa, sabía que recordar en medio de tanta gente haría llorar a Nico, con todo y que los ahí reunidos éramos familia.

Así que se los cuento aquí.

Nicolás Jaramillo enseño a sus hijos a jugar béisbol, a mí me encantaba porque él era el manager. En aquel entonces decíamos “¿jugamos al bat?’ y dejábamos lo que cada uno estuviera haciendo y salíamos disparados al Camino Real.

De broma los obreros de la Forestal FCL(convertida hoy en talleres de gobierno estatal) le gritaban ‘¡Jaramillo tienes equipo y banca!’ en aquel entonces ya éramos siete hijos vivos, el primogénito murió a los 9 meses de nacido, Ernesto se llamó y dijo papá que había muerto de ‘mal de ojo’… pero faltaban por nacer otros siete.

Papá nos contaba las estrellas echados en un petate y metidos abajo de una enramada y pabellones para que no nos picaran los zancudos, nos cantaba “Luna, luna dame una tuna la que me diste se me perdió en la laguna” luego ordenaba; “a dormir que muy temprano hay que ir al molino”

A las 4 de la mañana mi madre, Joaquina Alanís Escobedo (+) (la última Janambre) ya estaba en la cocina con el nixtamal lavado y listo para llevar al molino de los Puga, era quizá 1964, en el Camino Real solo había un poste con una triste lámpara y estaba justo subiendo hacía los dominios de los Puga.

Vivimos felices en el predio de los Castro, un paraje lleno de árboles frutales que colindaba al sur con el caudaloso Río San Marcos, ahí aprendimos a nadar, a bucear y a pescar con arpones hechos de jara. En cada actividad Nicolás estaba presente, no hubo cosa que él no enseñara…hasta el gusto por la música y el baile. ¿Se acuerdan de la Cosecha de Mujeres? Pues papá la bailaba como me gusta que bailen los hombres.

Lo emocionante venía por la tarde, papá había prometido que nos enseñaría a jugar lucha libre y yo de volada encontré mi nombre de batalla “Toña la Tapatía”, aprendimos tan bien, que fue muy complicado para mis hermanos ganarme o darme un golpe. Pero…Nicolás se enojaba cuando me horquetaba encima de mis hermanos y les hacia una llave alzándoles la cabeza hacía atrás…ahí sonaba el primer cintazo ‘Pues hombre machetona, si esto es solo un juego’ y ¡sopas!

Como no recordar aquel eclipse que oscureció el cielo, que hizo que las gallinas se subieran a dormir, que los perros ladraran como enloquecidos y que los burros (que había hartos) rebuznaran en un concierto que daba miedo. Y papá cuidándonos de ir más allá de su vista y su inseparable lámpara de pilas.

Con papá aprendí a amar el béisbol, el fútbol, aquel radio de bulbos nos contaba las hazañas de Héctor Espino, del Dr IQ, y embelesados escuchábamos las radionovelas ‘Porfirio Cadena’ y su inseparable Maria Eugenia y Chinto de la Rosa, y claro la mortal coralillo, Una flor en el Pántano, La Tremenda Corte y el tremendo Tres Patines que nos partía de risa, la W de la Cd México y otra de Monterrey hicieron nuestra niñez muy feliz.

Nicolás Jaramillo Avalos y su inseparable Joaquina (+) criaron y educaron a 14 hijos, a todos les dieron escuela, era y es la prioridad, nunca faltó comida en la mesa y nunca escatimó la solidaridad con quien no tenía.

Papá es el primer hombre al que amé y amaré el resto de mi existencia. Gracias Dios por la vida de Nicolás Jaramillo Avalos.

Es apenas un esbozo de la huella que ha ido dejando mi padre en este mundo…

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