Noche de carnaval…

maria-en-el-desfile-16-de-sepPor: María Jaramillo Alanís

En la década del cine de “ficheras” se le coló a la censura una película que protagonizaba Ninón Sevilla, Carmen Salinas, José Carlos Ruíz, Manuel Ojeda, Noé Murayama, entre otros, aquella cinta trataba del carnaval y sus excesos. Al mismo tiempo se entreveraban las condiciones laborales de los cargadores de los barcos en el Puerto de Veracruz, conocidos como “cuijes”.

Una noche, los obreros, en su mayoría indígenas, agotados por la faena y con urgencia de disfrutar de los excesos del puerto, se rebelan, y como en México todas las cosas se “arreglan” con la muerte, pues el dirigente de los cargadores de los barcos, amanece asesinado. Y san se acabó el encanto. Muerto el perro se acabó la rabia, suelen decir los patrones.

Todo sea para recordar una buena película que dice mucho de la situación de los indígenas, de los liderazgos sindicales, de los excesos en las fiestas que llevan a cabo los presidentes municipales y gobernadores, de los asesinatos, de sus prostitutas.

Noche de Carnaval,- la película-, nos deja un amargo sabor de boca, al fin y al cabo es el celuloide, sin embargo retrata de cuerpo entero lo que fue la década de los 80s. Nuestra realidad, la cotidiana, a la de Victoria los excesos no le son ajenos.

En el carnaval la música, el baile, las comparsas, el alcohol, traen alegría a las personas, alegría pasajera, por supuesto. Esta fiesta pagana tiene en el centro al Dios Baco, (Baco es uno de los nombres que recibe Dionisio, Dios del vino, la vendimia y el éxtasis en la mitología griega) concluida la bacanal, iniciamos el periodo de la semana Santa con el miércoles de ceniza, una estación espiritual relevante para todo cristiano que quiera prepararse dignamente para vivir el Misterio Pascual, es decir, la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesús.

Pero antes de que hablemos de  lo espiritual, revivamos el pasado carnaval de la capital  de Tamaulipas, mejor dicho, del Corazón de Eugenio Hernández Flores y sus amigos.

Traeré a colación una charla con un periodista, de esos que jamás están  errados y por ende, les va muy bien: “No sé de qué se quejan los victorenses, dejen que Oscar haga algo, entre tanta sangre, un poco de música siempre es buena”

Y en parte tiene razón, las ejecuciones, asesinatos, asaltos, robos, secuestros son el pan de cada día en Ciudad Victoria y nadie le quita al presidente municipal que haga fiesta todos los días, si así le apetece, el problema es que se deja de lado lo importante; la violencia, la falta de transparencia en la aplicación de los recursos públicos, las calles destrozadas, las familias enquistadas en el presupuesto municipal.

El reporte de la PGJT, con fecha 9 de febrero dice que iniciado del nuevo gobierno estatal y municipal, Ciudad Victoria es el municipio de Tamaulipas con más ejecuciones al reportar 75 casos. ¿Y dónde está el presidente municipal que al arrancar su campaña electoral aseguró a sus simpatizantes “no diré que no pasa nada, saldré a dar la cara por los victorenses”?

Solo nos muestra su cara sonriente en redes sociales donde publicita obras que no vemos los ciudadanos de Victoria, pero no sabemos sí se ríe de puro gusto o se burla de nosotros.

Podría decir Almaraz que los comerciantes de Victoria le patrocinaron  todo el carnaval y que de los dineros públicos no se gastó un peso, pero conociendo a los “empresarios” victorenses, podemos decir, sin dudarlo, que no le dan agua ni al gallo de la pasión, así que Oscar debe explicar cuánto costó cada evento realizado en las calles.

¿Era necesaria la contratación de la Banda el Recodo? No, por supuesto que no, pues en Victoria existen organizaciones musicales y bien pudo contratarlas a todas y hasta pagar un “fara fara” de la plaza del 8.

La banda el Recodo cobra entre 80 y 100 mil dólares, a Oscar le sobraba para pagar a los músicos de la localidad y que dicho dinero se gastará en los comercios del pueblo, que mucho necesitan para seguir subsistiendo.

¿Quién gana contratando bandas con renombre internacional? Los victorenses, evidentemente no. Durante tres días las vialidades fueron un cuello de botella, quienes sufrieron el maltrato del carnaval, claro que se quejan, pero enmuina más la falta de transparencia en el manejo de los dineros públicos.

Y aunque el presidente municipal no dé la cara por ustedes, no pasa nada, la fiesta sigue. Oscar Almaraz sigue en campaña, (no es el único, aclaro) y los muertos gozan de cabal salud.

Esperemos que los que andan encampañados desde el poder público, lleguen a la boleta electoral de nuevo, y ahí nos veremos las caras.

Los victorenses más jodidos no podían estar,  tan cerca de Almaraz y tan lejos de Vaca…

Desde mi trinchera vietnamita…

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