MADRE SIGLO XXI

Gerardo Flores SánchezPor: Gerardo Flores Sánchez

Bajo la influencia mundial de la postmodernidad y la globalización, México vive, por lo menos desde los últimos 30 años, una época de transición económica, social y cultural radical, donde todos los paradigmas de sus instituciones están cambiando, independientemente de que lo percibamos, lo entendamos y de si estamos de acuerdo.

En esta transformación general, el paradigma tradicional de ser madre y de la maternidad, pese a estar tan fuertemente arraigado en la idiosincrasia mexicana, también está siendo modificado a tal grado, que es obligado  reflexionar sobre sus futuras implicaciones.

No podemos pensar ya complacientemente, en la típica madre “cabecita blanca”, que sin límites aguantaba y sufría todo con resignación, a la manera de la protagonista de la radio-novela de los años 60’s “Corona de lágrimas”. Pero es evidente que en México empieza a ser difícil que las mujeres quieran ser madres, al menos a la manera tradicional, y que sí lo son de manera no deseada o más o menos planeada, carguen la crianza a otras personas y procuren liberarse de esas tareas a la primera oportunidad.

Las investigaciones y las experiencias cotidianas muestran que el prototipo de la madre mexicana “apapachadora”, consentidora y aguantadora; está cambiando aceleradamente.

Pero si los mexicanos han podido sobrellevar todas las crisis por las que ha transitado nuestro país, es gran parte es por la función de amortiguador social de los modelos tradicionales de la familia, la mujer y de las madres. Entonces, es muy importante saber cómo son las nuevas maternidades y cuál será su impacto en esa capacidad amortiguadora.

Al revisar las bases argumentales de las afirmaciones con que se fundamenta el modelo tradicional sobre la madre y la maternidad, los especialistas del tema identifican seis grupos de supuestos: biológicos, sociales, culturales, políticos, económicos y emocionales.

Antes de comentar de manera muy breve cada uno de esos grupos, es preciso señalar que los modelos puros no existen en la realidad concreta y solo sirven para el análisis.

Los supuestos biológicos, aseguran que por naturaleza, la mujer nace para ser madre. Por tanto la maternidad es el cumplimiento de ese destino biológico. Nada puede estar por encima de esa tarea. Así, aún la vida sexual y conyugal está subordinada a tal función.

Los sociales, afirman que la condición socialmente correcta de una mujer, es estar unida o casada con un hombre, con el cual pueda formar una familia. En esa institución social básica, la mujer tiene la oportunidad y la obligación de ser criadora, cuidadora y educadora de sus hijos y aún de los hijos de sus hijos. Entonces los otros roles sociales (empleada, ejecutiva, dirigente, etc.) que pueda desempeñar como ciudadana, se ubican como secundarios o complementarios al de ser la constructora y soporte de la familia.

Los culturales, dicen que a la madre le corresponde trasmitir a sus hijos, a través de la crianza, la educación y el ejemplo, los conocimientos, actitudes, prácticas y sobretodo valores de la familia y de la sociedad. Incluye como se divide el trabajo en la casa familiar entre hombres (ser servidos y mandar) y las hijas (servir y obedecer). En contexto patriarcal, en donde se asume que la mujer carece de cualidades físicas e intelectuales para tareas difíciles y arduas, que por su “naturaleza” se le dejan a los hijos varones.

Los políticos, tienen que ver con el poder de la mujer en la estructura familiar, con la distribución de los recursos y la toma de decisiones trascendentes. El conjunto de creencias y prácticas fundamentado en valores provenientes de la religión, de la historia familiar, de la educación tradicional, etc., conforman un todo convincente para asumir que lo “normal” es que es el hombre sea el jefe de familia, el sacerdote de su hogar, el señor de la casa, el responsable de velar por la progenie, el honor y el buen nombre de la familia. Por lo tanto el que marca los límites de las libertades concedidas a las mujeres de su casa.

Los económicos, aseguran que el papel del hombre es el proveedor, por lo menos el proveedor principal, y si no es así, es el hombre el que decide en que se aplican los recursos familiares. Él sabe en qué se debe gastar o en su caso, validar lo que su mujer haga.

Los emocionales, plantean que la mujer emocionalmente frágil como hija, adquiere “instintivamente” a convertirse en madre una capacidad especial de calidez, de empatía, de entrega desinteresada y de amor incondicional por sus hijos que le permiten equilibrar y dar soporte afectivo a los miembros de la familia cuando ocurre alguna crisis.

Pero todos estos supuestos sobre la madre y la maternidad, son hoy cuestionados y rebasados por las nuevas maternidades que han surgido con adolescentes que se embarazan sin estar preparadas y sin desearlo; por madres que se convierten en padre-madre cabeza de familia por necesidad al ser abandonadas por el padre de sus hijos; por mujeres con formación universitaria, en altos puestos ejecutivos que dando prioridad a su trabajo, no dejan de desempeñarse como madres;  por mujeres que se embarazan por inseminación artificial; por otras que deciden ser madres sin unirse a un hombre y mujeres que se unen a otra mujer y deciden embarazarse o adoptan a un menor para ser madres. Finalmente están las mujeres que por diversas circunstancias sociales o de salud, renuncian a su maternidad y entregan a sus hijos a una madre sustituta; también están las mujeres que subrogan su vientre y permiten que otras mujeres que no pueden embarazarse se conviertan en madres; así mismo existen ya en México mujeres que en plena conciencia y sin culpa, deciden no ser madres, ya sea unidas a un hombre o solteras.

En resumen ser madre hoy, ya no se supone como una condición indispensable para que una mujer se realice como persona, tampoco el estar unida a un hombre o depender de él. Sin embargo para muchas mujeres autosuficientes y para muchos hombres que las apoyan y respetan, la maternidad, con todas sus dificultades,  contradicciones y cambios, sigue conteniendo profundos significados ligados a la vida, a la trascendencia, al amor incondicional y a la capacidad del ser humano para entregar su esfuerzo al cuidado y desarrollo de otra persona: sus hijos.

Sean benditas todas las madres, por el esfuerzo generoso, que como mi esposa Susana, mi hija Norma y mi nieta Itzel despliegan todos los días, siempre dispuestas a entregar su vida, por no ver a sus hijos sufrir, enfermos o en desgracia y que se sienten más que pagadas cuando esos hijos están sanos, felices y le dicen “mami te quiero mucho”. Gracias y felicidades en su día.

geromen@hotmail.com

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