LA HORA DEL DEBATE

Gerardo Flores SánchezPor: Gerardo Flores Sánchez

El fallo de la Primera Sala de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) aprobando el uso de la marihuana con fines recreativos a favor de cuatro personas que promovieron un amparo, ha puesto en la atención de los mexicanos, un tema sumamente complejo y polémico que aunque partió del campo jurídico y de derechos humanos, se ha expandido ahora a otros ámbitos en los que se ubican sus causas y efectos.

La primera reacción del gobierno federal fue precisar que aunque respeta la decisión de la corte, no estaba de acuerdo con esto implicará la legalización del consumo de esa droga.

La iglesia definitivamente expresó su desaprobación a la desición de la Suprema Corte y reiteró su rechazo a la posibilidad de que en un futuro mediato se autorice su consumo.

Siendo así el debate tendrá que abordar de manera ordenada y fundamentada los aspectos médicos, educativos, culturales, económicos, de seguridad, religiosos, éticos y morales, entre los principales.

Aunque el fallo de los magistrados de ninguna manera fue para legalizar el consumo de la mariguana de manera masiva, sino solo para las cuatro personas antes señaladas, personajes de la política nacional, exmandatarios nacionales y extranjeros, investigadores, intelectuales y líderes de opinión que desde algún tiempo han señalado la conveniencia de legalizar el uso de la mariguana como parte del cambio de la política de combate a las drogas y de la delincuencia, aprovecharon la puerta abierta al debate, para insistir y ampliar sus argumentos a favor.

Ahora el debate o preámbulo a él, ha llegado a los medios masivos. Aunque ya se han publicado y trasmitido algunos programas de análisis serio con especialistas en la materia y con información documentada, la mayor parte de lo que hasta ahora se puede leer, ver y escuchar en los medios es todavía superficial y muy polarizado.

Están desde los que entusiasmados por el lugar privilegiado que dio la corte a la libertad individual, señalan que nadie y menos el Estado puede coartar un derecho aunque este repercuta en algún daño de su persona, en tanto no dañe a terceros. En abstracto esto suena coherente con los valores del liberalismo que priva en el mundo moderno. Pero cómo puede evitar un consumidor siendo padre, maestro, alto funcionario, empresario o dirigente social o político que cundo su hábito salga de su control, como puede ocurrir en cualquier adicción, no afecte a terceros.

En el lado contrario están los que piden al Estado que para proteger de riesgos y daños la seguridad y salud de la población, actué estrictamente y con rigor.

Muchos otros ejemplos podemos encontrar de esta polarización y extremismo respecto a las diversas facetas del tema a debate.

Precisamente por ello, importa mucho que se establezca u orden que sin inducirlo pueda gestionar tal cúmulo de opiniones que como en todo país democrático deben tener expresión y cause apropiado para llegar a acuerdos prácticos, que permitan avanzar prudentemente. El encono, la cerrazón, el autoritarismo o el dejar pasar indiferente, como siempre no sirven para enfrentar y resolver los problemas importantes del país.

Por todo lo anterior es muy pertinente y oportuno el anuncio que ha hecho el ejecutivo del gobierno federal en el sentido de que se ocupará de que se realice en los siguientes meses un amplio debate sobre los distintos usos de la marihuana, con el fin de que se escuchen todas las voces y todas las posturas.

Su propuesta considera tres etapas en la que se dará lugar a una consulta especializada, con profesionales con calificación técnica, para analizar las alternativas, beneficios y consecuencias de transitar de un esquema de prohibición, a otro de regulación de la marihuana.

También anunció que se pondrá cuidado en considerar las definiciones que se han hecho a nivel internacional por organismos como la ONU.

Finalmente ofrece que tal esfuerzo en desarrollar un largo y ordenado debate  en el que se destacará la consulta directa a la ciudadanía habrá de buscar la revisión y formulación de nuevas y más efectivas políticas públicas.

Todo parece muy adecuado y muy a tono con la democracia moderna que pretendemos construir. Aunque algunos, opinen que el debate se debió hacer antes, lo cierto es que hace años que ya había empezado de manera informal y difusa.

Además creo que los mexicanos todavía estamos muy a tiempo y urgidos por buscar y encontrar nuevas formas resolver de una vez por todas nuestros más graves problemas como nación, los cuales finalmente, al afectarnos de manera personal, deben ser prioritarios en nuestro interés y responsabilidad.

Procuremos seguir los planteamientos, informarnos seriamente, abrir nuestras mentes y centrarnos en lo principal y en lo efectivo más allá de prejuicios y conclusiones apresuradas.