SALVAR LA DIGNIDAD HUMANA

Gerardo-Flores-SanchezGerardo Flores Sánchez

El  mundo se encuentra inmerso en una crisis global compuesta por diversas crisis. Frente a cada una de ellas la humanidad tiene un nivel distinto en su capacidad para prevenirlas, resolverlas, controlarlas o al menos mitigarlas.

Así por ejemplo la crisis generada por la amenaza de guerrae mundial, parecía haber sido resuelta con la derrota aplastante de las potencias del eje Berlín-Roma-Tokio en 1945. Con la creación primero de la Liga de las Naciones y luego de la ONU con la Carta de los Derechos Humanos, surgió la esperanza de lograr la paz mundial bajo el acuerdo, la diplomacia y la armonía internacional que excluyera la guerra y el imperio de la fuerza como métodos para resolver disputas entre las naciones. Así el mundo civilizado liberado del gasto en recursos y vidas humanas que exigió la segunda guerra mundial y sujeto a una normatividad basada en principios y valores de la libertad, la democracia y la dignidad humana,  por fin veía su futuro con naciones entregando toda su energía para vencer la pobreza, la ignorancia, la enfermedad y el hambre, y lograr u desarrollo sin límites. Pero ese breve sueño fue interrumpido con la guerra fría entre los dos bloques de poder mundial, uno encabezado por EEUU y otro por la URSS. Durante los siguientes 44 años, diversas regiones y naciones  se vieron asoladas por la violencia de las guerras comunistas y anticomunistas, que tenían detrás la guerra de ideologías y sobretodo la permanente amenaza nuclear. La caída primero del muro de Berlín y luego de la URSS, revivió nuevamente la esperanza de un mundo pacífico entregado a trabajar para atender las necesidades de los varios miles de millones de humanos que pueblan al planeta. La ONU cada vez más debilitada financiera y políticamente todavía alcanzó a declarar el 7 de Junio de 2001 en la reunión su consejo de seguridad, que la principal amenaza para la seguridad mundial era el SIDA, por lo tanto si había una guerra que declarar y ganar, era contra esa enfermedad. Sin embargo solo tres meses después,  el 11 de septiembre con los ataques terroristas al corazón financiero, político y militar de EEUU, se volvió al viejo camino de la guerra que ha caracterizado a la historia del mundo.  

¿Ésta en las manos de la humanidad resolver y prevenir esta crisis de amenaza permanente de guerra mundial? Sí lo está, pero al parecer no hay voluntad, ni lo permitirán las condiciones prevalentes en los siguientes años, dada la inercia creciente de los intereses económicos y geopolíticos en disputa, más que los ideológicos y religiosos.

Otra crisis que está en las manos de la humanidad resolver pero tampoco hay voluntad, es la económica. El tren rápido de la globalización acaba de arrancar su carrera irracional y pese al saldo negativo para las grandes mayorías, de las recetas de la economía neoliberal, los centros de poder financiero mundial tienen  bien sujetas las riendas y no hay otra opción factible por ahora. Mientras tanto se busca mitigar su rigor y la explosividad de sus previsibles efectos, con fórmulas que incorporan en diversos grados, ingredientes sociales.

La tercera crisis es la moral y de valores humanos, que ha hecho posible que millones de personas ante imágenes mediáticas (tv, celulares, cine, redes) de extrema violencia, explotación y crueldad cometidas sobre niños, mujeres, jóvenes y ancianos, a nombre de una religión, de la patria, de la superioridad racial, de género, o de un negocio, apenas se conmuevan y reaccionen, la mayoría de veces cambiando de canal a algo “divertido” o buscando aburridos algo más fuerte para despabilar su sensibilidad y conciencia moral adormecidas. Lo que se está perdiendo es la noción de la importancia vital del imperio de la dignidad humana. Sin ella somos animales, máquinas, piezas desechables de un mundo inhumano. Esta crisis también está en las manos del hombre detenerla y revertirla. El compromiso no puede dejarse a las figuras impersonales de los gobiernos y de los otros, porque empieza en la conciencia, el corazón y mente de cada uno de nosotros.

La cuarta crisis que en gran medida ya no está en las manos de la humanidad resolver es la del Cambio Climático. La oportunidad de prevenirla, se perdió cuando en aras del despegue industrial explosivo de los países desarrollados (EEUU, Europa y Japón) y emergentes (China, India, Brasil, Rusia, México, entre otros), se apostó todo a los combustibles fósiles. Todavía hay quienes ponen en duda que exista tal Cambio Climático y que en todo caso las sociedades humanas y su modo de producción tengan alguna responsabilidad. Sin embargo,  la acumulación de estudios de los científicos ambientales y sobre todo de la experiencia acumulada del incremento de magnos y catastróficos eventos hidrometeorológicos, con toda su secuela de destrucción, muerte y sufrimiento de millones de humanos, constituyen pruebas irrefutables. Lo peor de esta crisis es que como el clima es un fenómeno complejo, dinámico y probabilístico, relacionado a múltiples variables de todo el Sistema Tierra, ni siquiera los científicos de aventuran a hacer pronósticos firmes. Lo único seguro es que las temperaturas extremas, las lluvias, las inundaciones y desastres serán el panorama que heredaremos a nuestros hijos y nietos. La naturaleza lastimada no negociará, ni perdonará. El reto de la humanidad será preparase para responder con oportunidad y eficacia para mitigar los daños y recuperarse de cada golpe.

Tal vez en medio de esta cuarta crisis, las dos primeras en gran medida creadas artificialmente por la ambición e irresponsabilidad de los hombres que han tomado el control del mundo, puedan empezar a resolverse, de la misma manera que los niños dejan de pelear y se unifican cuando se presenta un gran peligro. Entonces lo que verdaderamente importa tendrá la prioridad que merece, protegiéndolo y poniéndolo como la medida de todo lo demás. Pero para este proceso, es indispensable dejar la pasividad ante la tercera crisis, la moral y de la dignidad humana. Porque si esta sigue siendo lastimada y aplastada, los conceptos de desarrollo, progreso, modernidad, democracia, calidad de vida, libertad, derechos humanos, justicia, estado de derecho, entre otros, pierden su sentido y se quedan vacíos de contenido. Lo que importa es el hombre, a su servicio debe estar todo lo demás.